ZENTZUMEN ERAKUSKETA

EXPOSICIÓN SENSORIAL

SENSORY EXHIBITION

Lab-oratorio – Verano

El laboratorio trata de la reconexión con las sabidurías ancestrales de nuestra tierra, pero invita a la innovación, a la duda, a la revisión y la reinvención, sin olvidar ni silenciar los conocimientos de nuestras ancestras.


IRREALTASUNA

Irudimen bihurtzen diren sosegurik gabeko uneak/ arrotza dena baztertu.


Sorkuntza desira egonezinaren sabeletik sortua.
Nahasirik, barrenak arrazoimena irentsiz.
Eden galdua, kale-kantoiaren bueltan berreraikia.
Eraildako metafora bueltan bizitzara. Nirera zehazki.
Ez dagokigunari, ezezagunari, estalitakoari muzin egin.
Emaitza arrotzen aurreko itsutasun arina.
Beldurraren ukazioa abentura ezezagunerantz.
Egintza bila ideiaren itzalak itsututa.

IRREALIDAD

Momentos de desasosiego se transforman en imaginación / Rechazo de lo extraño

La creación parida por el anhelo inquieto.
Las tripas, revueltas, devorando al raciocinio.
El Edén perdido, ideado a la vuelta de la esquina.
La metáfora asesinada regresando a la vida. A la mía.
Menosprecio de lo ajeno, ignoto, velado.
Ceguera irreflexiva ante foráneos resultados.
La negación del miedo hacia la aventura incierta.
Buscadora de acción cegada por la sombra de la ide

30.09.1024

MUERTE DULCE

La belleza de lo efímero y el aprendizaje del cambio. / «Una caca de plástico cubierta de purpurina rosa.»


Ilargi observa con detenimiento la obra de uno de sus alumnos. Normalmente interpreta con atino todo lo que dibujan los niños y niñas a los que imparte clases de dibujo y pintura. Sin embargo, en esta ocasión no tiene ni idea de lo que está dibujando Aimar.
—¿Qué es? —le pregunta con más interés de lo habitual.
El crío la mira asombrado.
—¿No lo sabes?
Ilargi se siente pillada. Mira durante un rato la pintura intentando ver algo que se le haya escapado, aunque sea mínimo. Lo que tiene delante es una plasta de pintura rosa brillante. Por los bordes asoman distintos tonos de marrón que surgen de debajo.
Imposible adivinar.
—Pues no —admite; se acuclilla al lado del chico para estar a su altura—. ¿Me lo dices tú?
Aimar mueve la cabeza de izquierda a derecha. Su gesto parece indicar incredulidad.
—Está bien claro —sentencia.
Y se queda callado.
—Para mí no. ¿Me dices qué es? —insiste Ilargi.
El crío explota.
—¡Pues la muerte! ¿No ves que es una caca? —grita.
Arruga el morro, se enerva, se levanta de la banqueta tirándola, Ilargi la recoge, Aimar vuelve a sentarse visiblemente alterado. Ilargi le pasa una mano por la espalda y parece que el gesto lo tranquiliza.
—¿Tú crees que la muerte es una caca? —pregunta Ilargi atónita al cabo de un par de minutos.
Aimar se encoge de hombros como queriendo decir que es evidente.
—Sí.
—¿Una caca rosa?
El niño suelta un resoplido. Muestra impaciencia.
—¡No! La caca es lo que está debajo. ¡Yo la he escondido!
A Ilargi se le enciende una lucecita en algún lugar del cerebro.
—¡Ah, vale! —exclama—. La purpurina rosa es para esconder la caca que es la muerte —manifiesta pensativa.

El pequeño Aimar, que tiene apenas cuatro años, sonríe satisfecho.
—¡Claro!
«Qué bello resulta lo efímero explicado por la inocencia», piensa Ilargi.
Siente que la vida está enlazada con la muerte en una renovación constante.


3.10.2024